viernes, 10 de julio de 2015

DAKOTA JOHNSON VS CARA DELEVINGNE


Nunca he seguido mucho a Cara Delevingne, así que poco sabía de ella, pero había una cosa clara: la imagen que tenía en mi cabeza era negativa. “Tiene toda la pinta de ser una fiestas medio pirada”. – pensaba yo. Prejuicios se le suele llamar a esto. Qué pena no llegar a deshacernos del todo de ellos.

El pasado miércoles pudimos verla en 'El Hormiguero', y la verdad es que ella sola derribó por completo esa imagen que tenía preconcebida. Demostró que es una mujer muy carismática, además de divertida, graciosa, cercana y agradable. En definitiva, totalmente encantadora. Durante todo el programa se comportó de una manera muy natural y espontánea, como si no hubiera cámaras delante, como si en lugar de estar en un plató de televisión rodeada de personas desconocidas, estuviera en un bar tomando cañas con sus amigos.


Sin embargo, la semana pasada fue Dakota Johnson la que visitaba el mismo programa, y la imagen que dio fue bien distinta. Totalmente rígida, con sonrisa nerviosa y parquedad de palabras respondía a las preguntas de Pablo Motos y no sabía dónde meterse cuando éste echó mano de su manida lista de piropos (que este hombre le tire los trastos a las invitadas parece ser requisito indispensable del programa). Podríamos tacharla de sosa, pava e incluso de antipática, pero creo que en realidad todo puede resumirse en esto: es tímida.


He leído y escuchado comentarios sobre el paso de estas dos mujeres tan diferentes por el programa de las hormigas, y casi todo el mundo coincide en su veredicto: Cara es simpática y graciosa mientras que Dakota es  insustancial y aburrida. Tras el estupendo programa que nos brindó la primera más de uno no dudó en compararla con la segunda: “Igualita que Dakota la semana pasada, que apenas decía una palabra”.

En realidad no tengo demasiado interés en hablar ni de Dakota Johnson ni de Cara Delevingne, pero sí de los dos tipos de personas que ambas representan: la tímida y la extravertida.

Hace algunos meses leí un libro llamado 'El don de la sensibilidad', y en él encontré una idea que quedó grabada en mi cabeza: estos dos tipos de personas son tan opuestos como necesarios y ninguna es mejor ni peor opción que la otra. Cada uno aporta algo igual de valioso y sin lo que no podríamos vivir.

Este libro habla de, entre otras cosas, un estudio que realizó Avril Thorne con el fin de descubrir la manera de interactuar de los introvertidos, para lo que escogió a alumnas altamente extravertidas y altamente introvertidas.

“Las mujeres altamente introvertidas se mostraban serias y centradas, hablaban más acerca de problemas y eran más cautas. Tenían tendencia a escuchar, a preguntar, a dar consejos; parecían estar concentrándose en la otra persona de un modo profundo.
En cambio, las mujeres altamente extravertidas charlaban más por placer, buscaban más el acuerdo, buscaban similitudes en cuanto a orígenes y experiencias, y hacían más cumplidos. Eran optimistas y expansivas, y gustaban de emparejarse con cualquier tipo de persona, como si su principal placer fuera la conversación.
Cuando las extravertidas se encontraban con alguna alumna que era altamente introvertida, les gustaba no tener que estar tan alegres. Y las introvertidas encontraban la conversación con la extravertida como un soplo de aire fresco.
La imagen que obtenemos del trabajo de Thorne es que cada tipo de persona contribuye con algo a este mundo, algo que es igualmente importante.”


Refuerza esta idea citando el planteamiento de Carl Jung, para quien “ser introvertido es, simplemente, volverse hacia dentro, hacia el sujeto, el yo. Los introvertidos son evidencias vivas de que este mundo, rico y variado, con su vida desbordante y embriagadora, no es únicamente externo, sino que también existe en el interior.
A veces lo único que necesitamos es disfrutar del mundo exterior tal como es y de los extravertidos, que pueden hacer que gente totalmente extraña se sienta conectada. Pero también a veces necesitamos un anclaje interno, es decir, aquellos que son introvertidos y prestan plena atención a los matices más profundos de la experiencia íntima. La vida no va sólo de películas que todos hemos visto y de restaurantes que todos hemos visitado. A veces, hablar de las cuestiones más sutiles es esencial para el alma.”

Vivimos en un mundo en el que se valora la extraversión y sociabilidad y donde se confunde timidez con antipatía. Sólo hay que analizar los dos ejemplos de los que os he hablado antes para darnos cuenta: Cara nos fascinó y Dakota nos dejó indiferentes. Así que, es interesante toparte con un libro que te recuerde que, en realidad, todos tenemos algo que ofrecer.

Además, pienso que todo esto también tiene mucho que ver con el equilibrio. ¿Os imagináis un mundo en el que absolutamente todas las personas, sin excepción, fueran superextravertidas, simpáticas y sociables? En mi opinión, el resultado sería de lo más molesto y cargante. Y en el caso contrario, ocurriría lo mismo pero al revés. Un mundo lleno de introvertidos sería demasiado monótono. Tanto los extravertidos como los tímidos logran un término medio. Unos contrarrestan el aburrimiento, otros el exceso de ruido y ambos logran una armonía.


¿Con quién os sentís más identificados, con Dakota Johnson o con Cara Delevingne? O lo que es lo mismo ¿sois tímidos o extravertidos?



martes, 7 de julio de 2015

¿QUÉ HA SIDO DE LA INTIMIDAD?

Ayer por la tarde tuve una cita con mi dentista.

Acabo de releer esta frase y me he dado cuenta de que puede dar lugar a equívocos.

Malditas mentes retorcidas, siempre pensando en lo mismo.

Lo que quiero decir es que ayer tuve que ir al dentista. Tan simple e inocente como eso. Lo más apasionante que ocurrió entre él y yo fue una limpieza de boca.

Mierda. Creo que he vuelto a cagarla.

Corramos un tupido velo.

Estaba yo allí tumbada en el sillón ese que tiene setenta y dos posiciones, con esa bonita expresión en la cara que todos ponemos cuando estamos en tal situación, que consiste en tensar todos los músculos del rostro mientras abres la boca al máximo para que el dentista pueda meter ahí dentro toda clase de artilugios que vaya encontrando por la sala: el espejo de exploración, el aspirador, pinzas, gasas, algodones… Nunca creí que en mi boca pudieran caber tantas cosas.

¿Otra vez? Puede que nunca os hayáis visto en esta tesitura, pero contar tu visita al dentista sin utilizar frases con doble sentido es muy complicado.

Prosigamos por favor, que desde aquí me comprometo a llegar algún día al final de esta historia.

En esa situación que os he descrito me encontraba, cuando me acordé de una foto que Eugenia Silva subió a Instagram hace un par de años en la que aparecía en la misma circunstancia. Mientras mi dentista hacía y deshacía, éste era el diálogo que mi cerebro mantenía conmigo misma, al tiempo que clavaba la vista en los halógenos del techo: “¿Pero eso cómo funciona? ¿Aquí y ahora, tal cual, le digo al dentista que pare con lo que quiera que esté haciendo y le pido que pose para hacernos un selfie? ¿De verdad hay gente que tiene el valor de hacer semejante cosa?”

Eugenia Silva en el dentista. Apasionante

Hace pocos meses una persona que conozco acudió a un hospital a hacerse una prueba médica. A la hora, ilustraba su paso por allí subiendo una foto a Facebook en la que posaba con la bata de hospital puesta, y con morritos y símbolo de la victoria incluidos.

Estos son sólo dos de los millones de ejemplos que existen para explicar nuestra ida de olla con las redes sociales. Al principio tenían su aquel. Gracias a Facebook te reencontrabas con antiguos amigos, te hacías fan de grupos estúpidos que tenían su gracia y subías alguna que otra foto de tu verano en Caños de Meca, de las noches de fiesta por los garitos de Ciudad Universitaria o de los conciertos de tu grupo favorito.  Pero todo esto degeneró en platos de comida, looks diarios y actividades cotidianas. En definitiva, las redes sociales se han convertido en el mejor escaparate para mostrarle al mundo tu vida minuto a minuto. Pero ¿a quién le importa?, como diría Alaska.

"Estudios recientes demuestran que se puede ir y volver de un sitio perfectamente sin publicarlo" 

Perfil de Twitter Lo mejor de FB

Cristina Pedroche durmiendo, digo... haciendo que duerme. Conmovedor

Una red social, utilizada con cabeza, puede resultar maravillosa, el problema está cuando la cosa se sale de madre (que suele ser casi siempre), y es que como decía Aristóteles, la virtud está en el término medio. La mayor parte de las veces que entro en el Instagram de alguien siempre veo el mismo problema: la falta de selección. Hay alguna que otra foto bonita, de un rincón encantador, de un momento divertido con amigos o de un restaurante guay que acabas de descubrir, pero la mayoría de las fotos sobran, porque a nadie le importa lo que comen los demás, si van al gimnasio o se echan la siesta con su novio. 

Dos bonitas imágenes de Che Cosa y Leticia Dolera. Así sí

No entiendo por qué tiene que haber un documento gráfico de cada una de estas actividades, ya que se trata de algo cotidiano que todos realizamos y que no tiene nada fuera de lo común, pero que sobre todo, pertenece a la vida privada de una persona, así que ¿qué necesidad hay de airear todo eso? ¿por qué estamos dejando que unos desconocidos sean testigos de las cosas que nos ocurren de puertas para dentro?

Seamos selectivos. Mostremos sólo lo que merezca la pena mostrar, y guardémonos para nosotros y para los nuestros los momentos más íntimos y especiales. Protejamos nuestra intimidad. Molaría mucho vivir en un mundo más discreto en el que estemos más pendientes de disfrutar nuestra vida que de publicarla. 

¿Estáis muy enganchados a Instagram? ¿Qué tipo de fotos subís?