martes, 30 de junio de 2015

GUÍA PARA NO PERDER LA CABEZA DURANTE LAS REBAJAS

Parece que fue ayer cuando caminaba a toda prisa bajo la lluvia sorteando los charcos, mientras mis dientes castañeaban y cubría mi cuello con una maxibufanda roja de cuadros que, a ratos, me recordaba a la manta que mi abuela colocaba en el reposabrazos del sofá. Y sin embargo hoy el termómetro marca más de 40 grados.

Si eres el tipo de persona despistadilla que ha pasado por alto algunas señales, como amanecer con la camiseta del pijama empapada, buscar la sombra desconsoladamente o agarrarte a la botella de agua con muchas más ganas aún de lo que agarrabas la de ron en la despedida de soltera de tu mejor amiga, te diré que el verano ya está aquí. Y sí, querida compradora compulsiva, esta afirmación significa que el 1 de julio está cerca. Muy cerca.


Ya sabemos que llevas mucho tiempo esperando este día, el cual marcaste en rojo en el calendario allá por el mes de marzo, y que has entrenado a conciencia durante las últimas semanas para ser más rápida, más hábil y más espabilada que las demás en esa competición cuya ganadora será la que mayores gangas consiga. Pero a veces está bien hacer autocrítica y ver en qué nos hemos equivocado en el pasado, así que te pido que hagas memoria y retrocedas en el tiempo sólo doce meses. ¿Cuántas veces te has puesto aquel vestido de cuadros con falda de vuelo que compraste en julio de 2014? ¿Y aquellos zapatos de tacón tan incómodos de verdad merecían la pena? ¿Y por qué, siendo una enamorada de los bikinis, te hiciste con un bañador?

Sé que al contestar a estas preguntas te has dado cuenta de que rebajas y derroche van de la mano. ¿No se supone que el propósito de éstas es ahorrar? ¿Entonces por qué he gastado el triple de lo que había pensado? Pues aquí estoy yo hoy, disfrazada de tu conciencia, para darte la respuesta: por culpa de la mala planificación. Pero no os preocupéis, porque si lo pillamos a tiempo, tiene remedio. Así que ahí van algunos trucos para evitar caer en la ruina económica por culpa de las rebajas, aunque en realidad todo podría resumirse en algo muy simple: usar el sentido común, el mismo que desaparece en cuanto  vemos a mitad de precio ese bolso con el que soñábamos desde principio de temporada.


Las ideas claras: seguro que tienes fichadas ya algunas prendas que te han gustado pero que no te has decidido a comprar porque, básicamente, como suelen decirnos nuestras madres, no podemos comprar todo lo que nos apetezca. Estaría bien que cogieras papel y boli e hicieras una lista (nunca subestimes el poder de las listas. Adoro las listas. Listas forever) con eso que te gustó pero no pudiste comprar porque tenías que pagar la factura de la luz, y aún no has llegado al extremo de preferir vivir a oscuras para lucir el vestido del momento, aunque todo se andará si no le ponemos solución. Así, cuando el primer día de rebajas entres en la tienda, irás a piñón fijo y evitarás los cantos de sirena en forma de zapatos. La planificación es la clave, ya te lo había dicho.

Invierte en básicos: personalmente me da una pereza infinita comprar prendas básicas en temporada. La típica camiseta blanca de algodón que te pondrás día sí y día también porque combina con todo, o el clásico pantalón vaquero que no te quitarás porque tiene el tono azul perfecto, son prendas todoterreno que no pueden faltar en tu armario, pero seamos sinceros, a nadie le hace ilusión comprarlas. Cuando compras un bolso precioso, vuelves a casa sintiendo que el mundo es un lugar mejor, sonríes tanto como aquel día en el que te comunicaron el único nueve y medio que sacaste en toda la carrera, y hasta tu pelo tiene más brillo y tu piel está más tersa. Sin embargo, hacerse con un pantalón vaquero es un mero trámite, algo así como comprar el tóner de repuesto de la impresora. Lo dicho, aprovecha las rebajas para hacerte con prendas básicas: son muy necesarias, pero gastarse el dinero en ellas es un auténtico coñazo.


Compra tendencias efímeras: pongámonos en situación. Llevas dos meses y medio babeando cada vez que pasas por delante de ese pantalón culotte que cuesta 60 euros. Pero piénsalo bien ¿cuándo te vas a poner tú un pantalón culotte? Es demasiado atrevido para llevarlo a la oficina, lugar en el que pasas el 50% de tu tiempo. Además, en cuanto tengas vacaciones estarás todo el día en la playa luciendo bikini. Aunque pensándolo bien, es perfecto para ir a ese concierto al que asistirás en agosto. Entre unas cosas y otras esta temporada te lo pondrás como mucho dos veces, y el año que viene ¿quién se acordará de los culotte? Pues eso lo convierte en la prenda perfecta para ser comprada en rebajas. Pagar 60 euros por algo que apenas te vas a poner, es bastante absurdo, pero si pagas la mitad, no será tan doloroso y podrás darte el capricho de lucir un culotte sin remordimientos.

Ten la vista puesta en la próxima temporada: aunque haya gente que nos tache de chifladas, comprar jerseys en agosto no es una locura. Si lo piensas tiene mucho sentido. Durante los meses estivales las prendas de invierno que pertenecen a la colección primavera-verano que están liquidando tienen muy buen precio. Es un buen momento para comprarlas, pues cuando las estrenes en noviembre y recuerdes lo poco que pagaste por ellas, lo agradecerás.


Piensa en tus necesidades: ese bikini estilo 60’s  de tiro alto es ideal y está baratísimo, pero si vas a pasar tus vacaciones de turismo por Bruselas, lo más probable es que no lo necesites. No lo compres. No es una buena idea.

Huye del autoconvencimiento: sabes perfectamente que si tienes que convencerte a ti misma de que comprar esa prenda es lo correcto, lo más probable es que no lo sea. Cuando ves un fular que sabes que no necesitas, empiezas a pensar cosas como: “Tiene un color que combina con todo, así que le voy a dar mucho uso. Es una buena inversión, de esas prendas que me durarán toda la vida”. Y ya, si esto no funciona, sacas la artillería pesada con: “Madrugo un montón todos los días para ir a trabajar, ¡me lo merezco!”, “Ayer discutí con mi novio/hermano/amiga y necesito que se me pase el disgusto” o “Yo esto lo hago por la economía, para que superemos la crisis” (ésta última excusa es sólo propia de mentes muy enfermas). Cuando estés en una tienda y alguno de estos pensamientos se cruce por tu mente, sal corriendo de allí y ¡no compres bajo ningún concepto!

Sé fiel a tu estilo: que un crop top esté al 70% o que haya dos por uno en petos vaqueros no significa que tengas que comprarlo. Si esas prendas no van contigo, pasa de largo, no son para ti. En definitiva, sé selectiva y no compres por comprar.

¿Cómo compráis en rebajas? ¿Sois prudentes o se os suele ir de las manos?